¿Qué tenemos en la cabeza cuando votamos? Tal es el título del libro del consultor y analista político argentino Hugo Haime, que de muy documentada manera explica no sólo cómo se planifica una campaña electoral, cómo se construye la imagen del candidato, sino también ayuda a comprender por qué las encuestas se equivocan y qué motiva al elector a decidir su voto.
Según Haime, el inconsciente, las emociones y el sistema de valores son los tres elementos que acompañan al elector y lo vincula a la política, la sociedad y las campañas. Pero también los vincula a la política el poder. Hace posible que los candidatos eleven sus posibilidades de lograr sus propuestas (un cambio, influencia o dinero); y que los electores perciban que encontraron quien les facilite la vida (soluciones o beneficios).
Pero la gente -como señaló George Lakoff en su conferencia «Enmarcando el rol del cerebro en la política»- también vota «por aquellos con quienes se identifica»; y no siempre por la influencia de los medios de comunicación o las encuestas.
En el caso puntual de Tumbes, que a la luz de las últimas tres elecciones presidenciales parece teñido de naranja, teóricamente nada tendría que cambiar. Aparentemente, la propuesta del partido naranja ha identificado a los tumbesinos.
Sin embargo, la figura del candidato de Perú Libre genera gran expectativa por tratarse de un perfil político construido lejos de la capital, en un entorno social cercano a las plataformas de protesta, con reclamos de indudable vigencia como los impulsados por el profesorado a nivel nacional.
¿Naranja, blanco o rojo? Para saberlo hay que mirar el universo de votos en juego. En abril debieron votar casi 168 mil, pero el ausentismo superó el 25%. Sumado a los votos blancos y nulos tenemos que fueron casi 70 mil los tumbesinos y tumbesinas que decidieron no elegir. Fuerza Popular obtuvo el primer lugar con 36 mil; detrás y lejos Perú Libre con casi 8 mil. El segundo lugar lo obtuvo el voto blanco y nulo con casi 27 mil.
Para estas elecciones la mayor cantidad de electores (casi 94 mil) están entre los 30 y 60 años de edad; mientras que los menores de 30 suman poco más de 45 mil. La ciudadanía espera propuestas concretas y un discurso más acorde a estos tiempos, pero sobretodo, a la actual coyuntura. El color de la región dependerá de la frescura y simpleza del discurso y las propuestas.
