El gobernador regional Segismundo Cruces Ordinola finalmente aceptó la renuncia de Lenin Ávila Silva, dando por concluida su designación como gerente regional de Infraestructura del Gobierno Regional de Tumbes.
La salida de Ávila, lejos de sorprender, era un desenlace anunciado. Apenas ayer, el funcionario presentó su renuncia irrevocable, intentando maquillar su partida con un discurso sentimentalista y adornado de frases poéticas, en un intento desesperado de redimir su desgastada imagen.
La gestión de Lenin Ávila ha estado marcada por críticas de la opinión pública, señalada por su ineficiencia y salpicada de presuntos actos de corrupción. En su paso por la gerencia de Infraestructura, la región ha sido testigo de proyectos paralizados, licitaciones irregulares y una administración que ha dejado más sombras que soluciones.
Aunque su dimisión se presentó como una decisión personal, fuentes cercanas al gobierno regional sugieren que fue una estrategia para evitar mayores escándalos. Su permanencia en el cargo se volvió insostenible ante el creciente malestar ciudadano y las denuncias en su contra.
Por su parte, el gobernador Segismundo Cruces ha optado por el silencio, limitándose a aceptar la renuncia sin mayores explicaciones, dejando entrever que el verdadero trasfondo de esta salida podría ser más turbio de lo que se ha comunicado oficialmente.
Ahora, con la vacante en la gerencia de Infraestructura, queda la gran incógnita: ¿seguirá el Gobierno Regional apostando por perfiles cuestionados o, por fin, llegará alguien capaz de sacar del abandono la infraestructura pública de Tumbes?

