Tránsito y permanencia, miseria y oportunidad, xenofobia y solidaridad. Todos esos elementos coexisten como una expresión agridulce del perenne éxodo venezolano hacia el sur en la región a de Tumbes, fronteriza con Ecuador, que es lugar de paso y hogar de miles de migrantes que prueban su suerte en el país andino.

En la actualidad, el gobierno regional estima que Tumbes alberga entre 12,000 y 13,000 personas de Venezuela, lo que representa alrededor del 4% de su población.

Si bien plazas, puentes y carreteras de Tumbes atestiguan ese continuo tránsito de migrantes, la región es el segundo destino peruano de las personas que ingresan al país por la frontera norte. 

Uno de los sectores tumbesinos donde más se ha asentado la población migrante es Puerto Pizarro, donde han construido una suerte de gueto conocido popularmente como Calle Venezuela.

La lideresa Escarlet Johana Añes fue una de las primeras en invadir esta calle cuando solo eran terrenos vacíos. Hoy, luce repleta de precarias construcciones de madera, lonas de plástico y calamina, donde viven alrededor de cien familias venezolanas.

Añes dedica la mayor parte de su tiempo a ejercer de puente entre los vecinos y las ONG que están en la zona para ofrecer una mejor acogida a sus compatriotas.

Reclama cupos para que menores migrantes puedan matricularse en colegios, recauda fondos para quienes requieren hospitalización o remedios y dona paneras de fruta y leche a niños de familias venezolanas que viven en el campo.

EXPLOTADOS POR UNOS SOLES. La mayoría de vecinos de la Calle Venezuela se dedica a la pesca o al turismo en el puerto pesquero de Puerto Pizarro donde, alrededor de las 5:00 de la tarde, una decena de jóvenes, la mayoría migrantes, cargan cajas de pescado y hielo por S/ 1 por viaje (US$ 0.27).

Eliot García se dedicó durante un tiempo a esa labor: “Cuando llegué aquí nuevo, yo cargaba cajas y me pagaban, de las 5:00 de la madrugada a las 4:00 de la tarde, 25 soles (unos US$ 6.75) como me daba cuenta de este abuso decidí salir”.

El gobierno regional asegura que trabajan con la cooperación internacional y a contracorriente de la falta de presupuesto para forjar una “convivencia social pacífica” en Tumbes, promoviendo proyectos de inmersión laboral para la población migrante y facilitando las convalidaciones de los títulos profesionales.

Los desafíos, sin embargo, siguen siendo muchos en materia de inclusión en esa región fronteriza, donde sigue muy presente la crisis de Venezuela.

VIOLENCIA. La violencia contra los migrantes es muy común, especialmente en las zonas fronterizas. Varias personas han contado que les robaron y que fueron amenazadas por grupos de hombres armados cerca de la frontera entre Ecuador y Perú.

Una mujer de 50 años que viajaba con sus hijos de 24 y 25 años contó que acababa de ser asaltada luego de haber tomado un mototaxi muy cerca de la frontera con Ecuador, en territorio peruano. El conductor tardó aproximadamente 30 minutos en llegar a un destino desconocido, donde fueron emboscados por un grupo de tres personas. Amenazaron con quitarle la vida a su hijo menor y se llevaron todas sus pertenencias. Les dijeron que, si los denunciaban, no tendría efecto porque robar es algo habitual en esta zona.

“Hemos visto mucha frustración, mucha ansiedad, porque vienen con muchas esperanzas y lo primero que experimentan es un robo u otro tipo de violencia”, manifestó miembros de una ONG que ayuda a los migrantes.

Según ACNUR, un refugiado huye de una persecución o conflicto armado, mientras un migrante elige trasladarse no a causa de una amenaza directa de persecución o muerte, sino principalmente para mejorar sus vidas al encontrar trabajo, educación, reunificación familiar u otra razón.

Las solicitudes de refugio por parte de venezolanos continúan en Estados Unidos (230.000), Brasil (92.000) y Colombia (30.000). En 2020, Perú era el segundo país del mundo en recibir la mayor cantidad de solicitudes de refugio de venezolanos, según el organismo de la ONU.

OIM. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Perú es el organismo de las Naciones Unidas especializado en la temática migratoria que trabaja con los gobiernos de todo el mundo para promover que los procesos migratorios se realicen de forma segura, ordenada y regular en beneficio de toda la sociedad.

Los migrantes son una población en riesgo que necesita diversos mecanismos internacionales para la defensa de sus derechos, por eso, la OIM juega también un rol clave apoyando la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que, por medio de diferentes áreas de intervención, conectan la asistencia humanitaria con el desarrollo sostenible.

En Perú, la OIM acompaña al Estado peruano en sus iniciativas para promover una migración ordenada con protección de las poblaciones más vulnerables. Para cumplir con este objetivo, los proyectos que la OIM está implementando ponen especial énfasis en tres pilares de trabajo: asistencia humanitaria de emergencia, regularización del estatus migratorio de las personas migrantes y proyectos que apoyan su inclusión económica y social.

Las acciones incluyen asistencia técnica y asesoría en materia de gestión migratoria, en defensa de los derechos humanos y en respuesta a emergencias causadas por desastres naturales, con respuestas efectivas tanto para la población migrante internacional y nacional, como para las comunidades de acogida, lo cual ha sido especialmente importante durante la pandemia por Covid-19.

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