En la región Tumbes, las familias venezolanas que viven en el centro poblado de Puerto Pizarro se organizan para enseñar de manera autodidacta a sus hijos en distintas materias básicas de la currícula escolar. De acuerdo con el Grupo de Trabajo para Refugiados y Migrantes (GTRM) en Perú, un 84% de ciudadanos venezolanos informan que en sus comunidades de acogida en el país sudamericano identifican niños, niñas y adolescentes sin acceso a la educación.
Desde que llegaron a Perú, Eneida y César, una pareja de esposos del estado Miranda, en Venezuela, no han podido matricular a ninguno de sus tres hijos en la escuela. Han pasado casi tres años desde que salieron del centro norte de su país en busca de una mejor calidad de vida. Cruzaron Colombia y regiones ecuatorianas, en un viaje a pie que duró 20 días para finalmente, en 2021, tomar la decisión de asentarse en la pequeña ciudad peruana de Puerto Pizarro, en Tumbes, ubicada aproximadamente a media hora en auto de la frontera norte con Ecuador.
Justamente en la provincia de Tumbes, donde se encuentra Puerto Pizarro, se concentra la mayor población escolar venezolana. Sin embargo, a pesar de que representan al 53,5% de todos los estudiantes tumbesinos, el 12,2% de los padres extranjeros han reportado dificultades durante la inscripción de sus hijos en colegios de la zona. Los datos provienen de un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que además indica que, entre ellos, el 50% aseguró que la razón principal se debió a que las vacantes son limitadas.
César y Eneida tienen tres hijos. Hoy tendrían que estar cursando el nivel primaria. Al salir de Venezuela, su hijo mayor, C.M* (12), se quedó en cuarto grado. El segundo, J.D* (11), finalizó sus estudios hasta tercero y el más pequeño, F.D* (9), apenas logró culminar el primer grado. “Uno solo me sabe leer y escribir bien, pero los otros dos, el de primero y el de tercero, todavía están atrasadísimos, pues cuando salí de Venezuela ellos perdieron dos años por el viaje y la pandemia”, relata Eneida. Esta situación significa que los tres menores llevan sin ir a la escuela casi tres años.
La emergencia sanitaria causada por el Covid-19 también golpeó al sistema educativo peruano y a los estudiantes nacionales. El Ministerio de Educación (Minedu) estimó que durante el primer año de la pandemia 230.000 escolares de educación primaria y secundaria salieron del sistema educativo, debido al impacto de la brecha digital y los efectos económicos y sociales por la pandemia.
Y la cantidad de migrantes en el sistema es impreciso, ya que un reporte publicado en diciembre de 2021 por el Grupo de Trabajo para Refugiados y Migrantes (GTRM) en Perú y la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V) determinó que el 84% de los ciudadanos venezolanos identifican en sus comunidades de acogida en Perú niños, niñas y adolescentes que no están matriculados en la escuela.
El 70% de la población venezolana que vive en Perú señala que la dificultad principal es la falta de documentación, seguido de no contar con internet (55%), vacantes limitadas (44%), el apoyo de sus hijos en labores de cuidado y otras actividades (25%) y hasta por la situación de discriminación (14%).
La insuficiencia de cupos para matricularse en la escuela es un problema que también existe en Puerto Pizarro. Según Enrique Saavedra, director del colegio 014 Miguel Grau, la única escuela de nivel primaria y secundaria del centro poblado tumbesino, esta situación se intensificó a partir de este año. Actualmente, en la institución educativa cursan un promedio de 850 alumnos. Pero, ¿qué sucede con los que están esperando un cupo?
“Nosotros primero tenemos que ver [la cantidad de] los alumnos que terminan este año, cuántos son aprobados, cuántos repiten, cuántos son trasladados, y ver la cantidad de alumnos que van a grados siguientes y confirmar si es que hay alguna vacante. Si hay vacantes para cada grado, las publicamos a través de las redes [sociales], en la institución educativa, pegamos volantes y también informamos a los profesores para que avisen a los padres de familia”, explica Saavedra.
La autoridad educativa confirmó que son cerca de 35 alumnos en Puerto Pizarro que, al día de hoy, están a la espera de una vacante. “La mayoría son venezolanos”, precisó. Para comenzar el proceso de matrícula los padres de familia solo necesitan presentar la partida de nacimiento de sus hijos o hijas. Sin embargo, los que no cuenten con este documento podrían estar suscritos a una condición particular.
“Solamente requerimos la partida de nacimiento, pues los matriculamos de acuerdo a la edad. Hasta el momento no se han presentado casos de familias que no entreguen este documento, pero sabemos que se pueden presentar. Como una salida los podríamos considerar para que empiecen a estudiar y cuando traigan la partida del nacimiento recién se les suba [la inscripción] al sistema administrativo”, explica Saavedra.
Ante ello, los padres de familia, como César y Eneida, que actualmente se encuentran a la espera de vacantes para inscribir a sus tres hijos en la escuela de Puerto Pizarro, han optado por enseñar de manera autodidacta distintas materias básicas de la currícula escolar a sus pequeños, apoyados en su propia formación académica y más aún en su sensibilidad.
En Tumbes, los padres de la comunidad venezolana se autogestionan para salir adelante. Las organizaciones sin fines de lucro y asociaciones civiles, conformadas por ciudadanos extranjeros, se han articulado entre ellas para acelerar en todo este año los procesos de matrícula de 120 menores venezolanos, a nivel de toda la región noroeste peruana, que detectaron se encontraban fuera del sistema educativo peruano.

