El denominado «Simulacro Nacional Multipeligro 2023», se llevó a cabo en la región Tumbes como parte de la conmemoración a los 53 años del devastador terremoto que sacudió la localidad de Yungay en el departamento de Ancash en 1970. Se realizó la simulación de sismo de magnitud 8.8, con epicentro ubicado a 60 kilómetros al oeste de la ciudad y una profundidad de 42 kilómetros. 

El jefe de la oficina de Defensa Civil Regional, Segismundo Cruces Ordinola, informó que el sismo simulado fue percibido con una intensidad de nivel VIII por la población, generando una respuesta inmediata y activación de los protocolos de emergencia. La reunión técnica realizada en el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) reveló cifras preocupantes sobre los posibles impactos de un evento sísmico de esta magnitud.

Según la especialista Lila Idrogo, el balance del simulacro arrojó alarmantes estadísticas: se contabilizaron 47,301 damnificados, 12,237 personas afectadas, 7,217 fallecidos, 11,701 heridos y 2,632 desaparecidos. La deficiente construcción de infraestructura también se evidenció, con un total de 16,896 viviendas afectadas, de las cuales 13,716 colapsaron y 7,695 quedaron inhabilitadas.

En el ámbito educativo, el representante de la Dirección Regional de Educación ante el COER informó que 59 instituciones educativas resultaron afectadas, de las cuales 26 fueron destruidas y 23 colapsaron. El sector salud también reportó consecuencias significativas, con 10 establecimientos de salud afectados, 4 completamente destruidos y 4 colapsados.

La infraestructura vial tampoco escapó del impacto del simulacro, ya que se registraron daños en 15 puentes. En el sector pesquero, el terremoto ficticio ocasionó la destrucción de 126 embarcaciones y afectó a otras 139.

El COER resaltó la respuesta positiva y la organización demostrada por los maestros y estudiantes durante la simulación de evacuación. Además, se destacó la colaboración del sector salud y la Policía Nacional en este ejercicio, brindando apoyo y coordinando la evacuación hacia zonas seguras, focalizadas en círculos de seguridad.

Sin embargo, se observó disparidad en la participación del sector privado, con algunos centros comerciales comprometidos con la iniciativa, mientras que otros negocios mostraron indiferencia hacia la convocatoria del simulacro. Por su parte, las instituciones públicas cumplieron con la evacuación de sus locales y se observó un despliegue impresionante de personal de defensa civil y del sector salud para atender y trasladar a los «heridos» hacia carpas de atención médica o en casos más graves, a través de ambulancias.

El simulacro de sismo en Tumbes dejó en evidencia la necesidad de estar preparados y fortalecer los mecanismos de respuesta ante eventos naturales de gran magnitud. La colaboración entre la comunidad, las autoridades y los sectores público y privado se vuelve crucial para minimizar los impactos y proteger la vida de los ciudadanos en situaciones de emergencia.

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