La calle Jorge Herrera continúa como una piscina hedionda, un gran foco de contaminación que mata lentamente a los vecinos del sector. Los negocios se han visto muy perjudicados, varios de ellos hasta han tenido que cerrar por no tener nada de ventas ante la suciedad permanente en el lugar.

Los más expuestos son los niños, pero no solo los que viven allí, sino los que estudian en el colegio 013 que está prácticamente al costado de esta zona contaminada.  “Nosotros no aguantamos más esta pestilencia, nunca quisimos que demuelan la calle, no necesitábamos la obra pero ahora estamos peor”, dijo una vecina.

A duras penas, dos obreros llevaron una pequeña motobomba para sacar las aguas estancadas, siendo una logística ínfima para una empresa ejecutora de una obra millonaria. “Ahora pido que se preocupen, así como antes llegaban para que les den el voto. Hay personas que hasta han fallecido por esta zona, a duras penas los sacaron por la vereda para su entierro”, comentó la moradora.

Finalmente, los vecinos de la calle Jorge Herrera dijeron claramente que nadie que representa a la empresa constructora ha dialogado con ellos sobre la demora en la ejecución, dejándolos a su suerte.

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