Uniformes parchados, patrullaje de papel y videovigilancia de fantasía
La Contraloría General de la República ha puesto el dedo en la llaga: la seguridad ciudadana en Tumbes es una ficción sostenida por papeles, discursos y promesas vacías. El informe N° 4512-2025-CG/GRTB-SOP, elaborado tras visitas de control a nueve gobiernos locales entre el 8 y 14 de mayo de este año, desnuda una realidad que los vecinos ya conocen de memoria: la inseguridad es la norma y la respuesta estatal, un saludo a la bandera.
Uniformes parchados y equipamiento obsoleto. En la mayoría de municipios, los serenos patrullan con uniformes incompletos, desgastados o, directamente, sin uniforme. Algunos usan prendas personales, lo que dificulta su identificación y pone en riesgo su integridad. El equipamiento es otro chiste de mal gusto: linternas sin pilas, radios que no funcionan, chalecos antibalas vencidos y, en algunos casos, ni siquiera cuentan con silbatos. La imagen del serenazgo en Tumbes es la de un ejército improvisado, más cerca del voluntariado que de un servicio profesional.
Patrulleros en el taller y motos de adorno. El parque automotor destinado a la seguridad ciudadana es, en el mejor de los casos, insuficiente y, en el peor, inservible. Hay municipios que cuentan con un solo patrullero para todo el distrito, y este pasa más tiempo en el taller que en las calles. Las motos, cuando existen, son reliquias que apenas prenden y no cumplen con los requisitos mínimos de seguridad. El patrullaje, entonces, se hace a pie y sin recursos, condenando a los serenos a la inoperancia.
Cámaras de videovigilancia no funcionan. Uno de los hallazgos más graves es el estado de los sistemas de videovigilancia. La mayoría de cámaras instaladas no funcionan, están mal ubicadas o simplemente nunca existieron. Los centros de monitoreo son cuartos vacíos o con pantallas apagadas. Los municipios reportan sistemas operativos, pero la realidad es que la videovigilancia es una ilusión óptica: cuando ocurre un delito, no hay registro, no hay evidencia, no hay nada.
Patrullaje integrado de ficción. La ley exige que Policía Nacional y serenazgo coordinen patrullajes conjuntos. En la práctica, esto es una ficción administrativa. No existen protocolos claros, los registros de intervenciones son incompletos o inexistentes y la coordinación es mínima. Cada quien patrulla por su lado, cuando puede, y la ciudadanía queda desamparada ante la delincuencia.
Planes de seguridad son papeles para la foto. Los Comités de Seguridad Ciudadana (Coresec, Coprosec, Codisec) existen solo en el papel. Los planes locales de seguridad se elaboran para cumplir con la norma, pero rara vez se implementan. Las reuniones son esporádicas y las rendiciones de cuentas, un trámite burocrático sin impacto real. La prevención del delito es una promesa eterna, nunca una realidad.
Programas preventivos inexistentes o irrelevantes. Los programas de prevención del delito, que deberían ser el corazón de la seguridad ciudadana, brillan por su ausencia. En algunos municipios se realizan charlas aisladas o campañas simbólicas, pero no existe una estrategia sostenida ni articulada. La prevención es la gran ausente en la política municipal.
Falta de capacitación y supervisión. Los serenos no reciben capacitación adecuada ni actualizaciones periódicas. No se cumple con la normativa sobre centros de capacitación ni se estandarizan los procedimientos. La supervisión interna es mínima y las evaluaciones de desempeño, inexistentes.
Rendición de cuentas. La ley exige informes trimestrales sobre la ejecución de los planes de seguridad. Sin embargo, la mayoría de municipios no cumple con esta obligación o lo hace de forma superficial. No hay transparencia ni interés real en rendir cuentas a la ciudadanía.
6 de cada 10 tumbesinos se sienten inseguros. Según el propio informe, el 59.7% de la población de Tumbes percibe que vive en la inseguridad, muy por encima del promedio nacional. La delincuencia avanza y las autoridades locales parecen más preocupadas por el protocolo que por la gente.
La Contraloría recomienda, una vez más, que los alcaldes dejen de mirar para otro lado y empiecen a invertir en seguridad real
En Tumbes, la seguridad ciudadana es una tragicomedia sin final feliz. Y mientras tanto, los vecinos siguen esperando que alguien, al menos uno, haga su trabajo.
